Respetar las heridas, darles amor y tiempo.
¿Cómo te he tratado hasta ahora, cuerpo?
Discúlpame, por haber tardado tanto en comprender, que eres mi casa, mi hogar, mi templo.
Te arropo, beso cada rincón y apéndice tuyo, siento mío tu rostro. Te acepto.
Querido cuerpo, por si han sido pocas las veces que lo digo, quiero que te cale la piel el te quiero más profundo.
Que se sumerja y te recorra entero, en cada partícula de luz, en todo mi ser.
Que te llegue el amor mío por el alma hasta irradiar fuera.
Prometo tratarte con calidez, hablarte bien. Sentirme orgullosa de tu lucha, de cómo eliges mostrarte ante el mundo.
Quiero quitarte toda cáscara impuesta por el ego: que además de quererte yo, te quieras tú.
Cuerpo mío.
Cuánto siento haber buscado fuera el amor que yo te debo.
Ahora entiendo tu miedo.
Pero he puesto en el centro de mi pecho una fuente que nos acaricia por dentro.
Y nunca más te dejaré solo.
Porque ha nacido en mí una enredadera de hierba, que te abraza y libera, para que te nutras de ella. Para que en cada semilla florezcas como tú quieras.
¡Estás vivo! Estás vivo y vives. Me permites vivir. A través de ti siento el mundo, palpo y saboreo. Amarte. Hoy elijo fundirme en tu abrazo. Cuerpo vivo.
- ABRIENDO CAMINO - Aquí encuentro todos los caminos en los que a veces no hallé salida. Me veo clara, auténtica, transparente y siendo yo. Este es el sitio en el que nunca puedo mentirme a mí misma. Me desnudo ante mí, y las palabras me quitan cada armadura. Aquí está cada flor, nueva y marchita, de lo que fui y de lo que soy.
La insistencia, Vicente Valero.
El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...
Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.
Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.
...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.