La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

sábado, 25 de enero de 2025

Del invierno y la luz

releo mis poemas, que es lo más parecido a juntar los cachos de mi alma y entender cómo me miran mis ojos
mis pupilas son el filtro por el que se pasea mi vida
a veces se inunda de un vacío profundo, cuando se llenan mis retinas de este tanque de agua espesa, y la vida se ahoga en ella cuando intenta atravesarme y llegar hasta a mí 
pero a veces no me asusto, a veces siento cómo empiezan a llenarse mis ojos y no tengo miedo de que se desborden, o de que este agua sea amarga, me pique y me irrite como si yo fuera un delfín y ella llevara por dentro cloro.
Y cuando eso sucede, cuando la veo limpia y pura y dejo que se derrame las veces que lo necesite sobre mi piel y sobre mi cara, entonces la vida no se ahoga. Se tumba y espera paciente a que la lleve hasta mi, que soy la orilla que vuelve a la tierra donde el amanecer yace y me espera iluminado. 
Y entonces me duelo, pero no me lucho, y llego. Llego de nuevo, me resucito, siento la magia en todas las partes de mi cuerpo, mis sensaciones se expanden a la velocidad de la luz y parece que ha llegado el verano al invierno.
Y es justo en ese momento, cuando entiendo que no hace falta que en el frío solo vivan los trozos de hielo, porque en él también existen los mil soles espléndidos que a veces, no vemos.