La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

viernes, 2 de diciembre de 2022

cuerpos

estoy en el tallo de la flor
ni en la Tierra ni el cielo. 
Justo en el medio pero viviendo la inmensa intensidad de habitarme justo aquí. 
Contemplando. Agradeciendo el paisaje construido ante mis ojos. Emoción en cada color. 

Me decías que la vida eran grises. 
Me dolí por no encontrarme en ellos. Pero ahora estoy aceptando que veo la vida en una ola de muchísimos colores
colores intensos

que la rabia para mí no es negra 
la rabia para mí es de color naranja porque escuece pero me libera me da poder me abre las puertas
y la tristeza en mí no es gris es turquesa, porque me habita y me prende pero me enseña a sanarme
una y otra vez
y la alegría en mí se ve como una explosión de muchísimos colores: morado fucsia rojo verde amarillo azul. Todos se entremezclan y tiñen mis párpados de mil colores.

Y esa felicidad la contemplo en las cosas más pequeñas. Cuando sale el sol. Cuando le doy el primer bocado al pan. Cuando las farolas se encienden. Cuando veo sonreír a mi madre. Cuando mi perro se reboza en la hierba. 
Soy una persona explosionando colores que me convierten en una luz blanca y brillante en medio del momento que me hace feliz. 

Mi cuerpo me habla me escucha me sabe. Mi cuerpo me enseña.
Y con él atravieso el mundo. 
Y con él el mundo me atraviesa a mi.

Mi hogar mi templo mi escuela. Mi cuerpo. 

lunes, 14 de noviembre de 2022

reconocerse

¿Me reconocerías amor, si vieras el brillo de mis ojos, si vieras el cielo abierto en ellos? 
¿Si vieras en mi cuerpo el horizonte en cada poro, el amor gobernando el cuerpo, el brillo en mis labios, la luz de cada paso que me he ido tatuando?
¿Me reconocerías amor en el asombro de tanta belleza, de lo guapa que me veo, de lo bien que me siento, de lo bello sellando cada célula de mi cuerpo despertando a cada paso lo bonito lo hermoso lo vivo?
¿Me reconocerías amor, en este profundo empoderamiento que emerge hasta del barro y lo hace agua? 
¿Me reconocerías?

Y de reconocerme, ¿te llenarías de rabia en lugar de satisfacción?
Entonces déjame decirte cariño, que lo nuestro, nunca fue amor. 

lunes, 19 de septiembre de 2022

Tu memoria en el cuerpo.

A veces te vienes a mi cuerpo como una memoria de la piel.
Como una contractura con la que aprendes a vivir hasta que te das cuenta de que está ahí, entre los músculos y los huesos, y que duele.
Y como un masaje tierno para disolverla, me acaricio, me doy cariño. Me enciendo velas. Huelo el incienso. Leo, paseo.
Me confirmo guapa. Y bailo hasta que tu impacto va siendo más y más pequeño. 
Por eso te escribo. Porque es una forma de disolverte de mis dedos. 
Escribo palabras y te retrato. 
Juego con mi mente a que ya no estás dentro de mí. 
Estás un poquito más lejos: en el papel.
Me persigue tu imagen herida. 
Tus ganas de clavarme tu dolor. De hacer mía tu sangre.
Lo que sangras me atraviesa la piel como el fuego al papel. 
Y de repente ya no calientas: ardes.
Y en esa rabia vívida buscas, de alguna forma, quemarme contigo. 
Pero yo ya no pertenezco a ese fuego. 
Ya no me pertenece la mendiga que busca que la salves de tu poco amor.
Recuerdo cuando sí me quisiste como una melodía agridulce. Inquieta y palpitante en los oídos. 
Qué corto fue tu amor. Y qué impacto haberlo vivido. 
Haber vivido un amor tan joven, entregado a la vida y al cuidado. 
Y un afecto muerto que me ataba las manos a la imagen de ese ya viejo amor, para que no me fuera.