La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

lunes, 31 de diciembre de 2018

2018

Este año ha supuesto un aprendizaje tan grande que no me cabe en el pecho al pronunciarlo. Porque trasciende.
Empecé este año intentando quitarme la vida. Lo acabo más viva que nunca.
Ha sido difícil, muy difícil. La depresión es amarga. Te anula. Te presiona a cada momento del día.
Ha sido duro superar cada pensamiento, cada idea destructiva, cada agresión, cada recuerdo.
Ha sido duro sujetarme. Pero invirtiendo todos mis esfuerzos en seguir adelante, he descubierto el mayor tesoro: amarme a mí misma. Puedo decir con la boca grande, que me amo.
No me quedan palabras para agradecerme a mí misma el haber salido victoriosa de cada herida, las que me he provocado a mí misma y las que me provocaron.
Ha costado muchísimo, soltar aquello a lo que estaba aferrada, emprender mi camino, pronunciar mi dolor.
Pero la verdad me ha hecho libre.

He sentido muchas veces caer. Hasta hace poco me vi sumergida.
Ahora miro arriba.
Vida, te doy las gracias, por haberme dado la oportunidad de renacer.

Estoy tan emocionada que no me cabe en el alma: gracias por darme un hogar, por dejar que Neo llegara a mi vida, por darme fuerzas para soltar y aprender a amar mi soledad, a amarme. Gracias por darme la oportunidad de reconciliarme conmigo y quienes formaron y forman mi vida. Por acercarme a las personas bonitas de mi vida, por la paz y armonía que me aportan. Por cada momento reído a su lado, por el apoyo cuando hemos llorado.
Gracias por hacerme libre, de mi propio dolor, del dolor que ocasionan las relaciones que atan y no aman, de negar mi cuerpo y mi alma. Gracias por darme la oportunidad, de ir descubriendome a mí misma. De descubrir, que el ser, trasciende a cualquier dolor.
Gracias por la constancia. Porque no siempre fue fácil persistir. Pero sin embargo lo hicimos, aún pareciendo que el tiempo estaba parado, cada día, era un día en el que íbamos llegando un poquito más lejos.

Tengo tanto amor en mi vida que me falta longitud en los brazos para abrazarlo entero.
Gracias a mi padre, que me ha ayudado a curarme. Que con su amor ha apostado por un proyecto en el que juntos, poder compartir la vida. A Fran, que conforma para mí la que ahora es mi familia.
Y también a ti, mamá. Por tu amor. Por haberme criado desde pequeña. Por enseñarme lo que no quiero, pero también lo que es sentir el corazón cálido cuando me abrazas. Por habernos perdonado, por tu fuerza, por tu luz. Que la miro: la miro y puede a cualquier sombra.
Gracias a mi Desca y a mi Neo, que han sido y son mis compañeros de vida. Que con su amor incondicional han pasado conmigo cada día, queriéndome en todos y cada uno de ellos. Llenándome de luz.
Gracias a vosotras, a las personas bonitas que me cuidan, y a las que quiero cuidar con todo mi corazón. Porque tener a personitas tan especiales como vosotras en mi vida hace vibrar mi alma entera. Porque me ensanchais cada día el corazón, y con vuestro amor al lado, viéndome crecer, he conseguido creer más en mí.
He pasado de no mirarme a reconocer cada parte de mí misma.
Gracias, pequeña yo. Por tu fuerza. Por confiar siempre en que lo conseguiría aún negándote. Por luchar. Por acabar el año conectada y en sintonía. Me doy las gracias, con todo mi amor, por haber estado conmigo aún cuando fui enemiga de mí misma. Porque el cariño personal, también trasciende el autoataque. Porque cuando persistimos, nos amamos. Me amo, viva.
Gracias. Gracias a las personitas mayores que han confiado en mi mano, en mi presencia, en mi trabajo. Por dejarme cuidarlas y regalarme cada día de confianza y cariño.
Gracias a los nenes de Culturas Unidas, que me descubren cada día mi vocación y me dan la oportunidad de aprender cada día.
Gracias a todo.
A lo bueno. A lo que causó dolor. A las ausencias que han dejado camino a personas que habéis aparecido en mi vida y que sois especiales, auténticas, mágicas. Con las que aprendo de ellas, con ellas, y de mí misma.
Gracias a la depresión. Que ha conseguido que me de cuenta de la gran fuerza y capacidad de superación que aguardamos dentro. Gracias porque, dolor, cuando por fin he reconocido tu existencia, he sido libre. Porque hemos construido un hogar.
Gracias a lo bueno. Que me ha acompañado en el proceso de este crecimiento.
De este crecimiento, que no acaba, que no cesa.
Este año ha sido un año de destruir, destruir siempre duele, pero a veces es necesario para construir lo nuevo. Este año ha sido de, por tanto, construir también. He construido más que nunca en toda mi vida. Y se me llena la vida de lo orgullosa que estoy.
Gracias a la sororidad, a la fuerza que tiene la unión de las mujeres, que me ha hecho recordar parte de mi identidad cuando la había perdido. Gracias a mis hermanas, que aún sin conocerme, se han acercado con sus palabras, han sembrado vida en la tierra, han alumbrado camino, han cosechado historia. Gracias a quien, sin conocerme, me habló para abrazar una victoria, a Elena, por llegar con su corazón y sororidad.
La felicidad es un estado de serenidad. Me siento, con lo bueno, con lo malo, serena....
Gracias por todo lo aprendido. Por las ganas de seguir aprendido. De ver cómo aflora este año nuevo.
Gracias a lo que se quedó en el camino, que vino a enseñarme mundo mientras estuvo.
Gracias, porque empecé el año sin mí, pero lo acabo conmigo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Cuidarse.

Voy a desnudarme entera delante de esta sombra que el muro me deja.
Voy a romper cada prenda que carga de peso mi luz, y voy a cuidarme por dentro y por fuera.
No quiero que otras bocas me renombren con su voz, quiero ser yo quién se alze a sí misma y camine junto a mí en la partida de esta etapa nueva.
No voy a volver a sentirme culpable, pero aceptaré siempre la responsabilidad que me toca.
Ha mojado la lluvia mi alma entera y creo que la mejor opción es amar mi frío.
No voy a rasgarme más la conciencia, no voy a anularme.
A partir de ahora tomo partida, pongo un paso al frente, me digo a mí misma: 'estoy contigo'
Me armo de fuerza y me quito otra vez esa presión de que la gente me ame aunque para eso no pueda ser quien soy.
A partir de ahora, soy yo.
Y esta es mi luz.
He prendido fuego y vuestro dominio no puede apagarlo.
Voy a avivar todo aquello que se mató por buscar vuestra satisfacción.
Y con la herida abierta, me adentro en el miedo, para vencerlo.
No necesito de vuestros cuidados, ya me cuido yo. Así que no vengáis a salvarme, a poner en mi boca la palabra que sentís que me rescata, porque voy a pronunciarme. 

Amanezco.

He mirado al cielo después de estar rozando la frente en el suelo.
Me di cuenta de que a veces solo se trata de alzar la cabeza.
Y ahí estaba, con la vista alzada, el camino recto que ponía mi posición del revés y me volvía otra vez mía.
He luchado contra todas mis caras, las más buenas y las más malas. Las dos son igual de insanas.
Perdí mi infancia pensando en crecer para salir de casa.
Y ahora recupero mi niñez con una risa nueva que emerge y me pone en pie.
He deshecho todos los nudos porque he descubierto que para que el miedo se vaya primero hay que alimentarlo,  haciendo todo aquello que me paraba el pecho he vuelto a latirme adentro, y uniendo mis manos con mis pies, he formado dos alas que me han reparado y han hecho valiosa cada cicatriz.
Por cada lágrima soltada he vuelto a crecer.
Y ya no lluevo. Amanezco.  

Frío

Asciende el cuerpo a lo alto de la espada. Que se clava. Me intento mirar en ella, pero mis ojos se pegan. Se clavan. Neblina tardía que siempre llega. Me pesa el pecho de aire y de agua. Intento prender fuego pero no puedo. Se apaga. Lo apagan. A veces me pregunto si llegará el día, el momento. La respiración completa de la palabra. El grito que ya calla porque todo lo ha gritado. Llegará ese día en el que pueda andar sin espigas. En el que cada paso emerja desde el alma, en el que la necesidad se vaya.
Mente. Para. De ensuciarme el alma.
Para de echar barro a mis venas.
Expulsa tu veneno para no supurar. Déjame en paz.
Deshiela el frío de al rededor de mi cuerpo. Descongela mis bloqueos para que así se vayan.

Despega libre la ansiedad resuelta cuando desapego.


Otra vez, lo estoy volviendo a hacer.
Mientras me centro en que me quieran los demás, me olvido de quererme.
Me estoy tapando con cuerpos que no son mi hogar.

No quiero nada.
No quiero a nadie.
No puedo quererme con formas de amar que no salen de mi pecho.

Y quiero recordarme que empecé el camino: el de amarme a mí misma.
Y quiero darme cuenta, de que me he desviado, nuevamente, en la salida equivocada.
Siempre paso por este mecanismo de defensa.
El de poner en llamas el vacío utilizando el fuego que me proporcionan otras bocas.
Pero mi miedo se extiende cuando no utilizo mis propios pies para despegarme de aquello que me ata.

Están engordando, otra vez, mis míseros fantasmas, mientras hago esto.
Con el lema de salvar y no salvarme.
De que me quieran aunque para eso deba descuidarme.
Están cobrando vida, otra vez, los paisajes en los que deseé cerrar los ojos.
Mientras dejo de mirarme, para mirar otros ojos, mientras paso el tiempo y lo mido en que otras personas me quieran,  mientras desconecto de este vuelo que emprendo solo para mí, me olvido de mí misma.

Y ahora, que amplío mis pupilas y las extiendo a todo lo que empieza a colocarse en mi vida, me doy cuenta: de que en ninguna estoy yo.
Así que me despido de esta falsa en la que tantas veces me enredan mis fantasmas.
Me despido de esa boca,
De ese cuerpo,
De esa mente,
De esa necesidad,
De ese quererme,
Porque yo no necesito que nadie me quiera.

Solo necesito, estar sola.

Así que me pido irme de sitios que no me pertenecen.
De lugares donde no crezco.
De escudos que me pongo y no me dejan quererme a mí misma.
Me despido de querer encontrarme en otras formas: no estoy en ninguno de vuestros cuerpos, menos cuando hago el falso amor con ellos.

Quiero irme,
Estoy pisando el barro por miedo, y cada vez los pies me avanzan menos.
Así que, miedo, pienso vencerte, y demostrarte, que no necesito que nadie me quiera, para quererme.

Y cogeré fuerzas. Y emprenderé de nuevo.
Caeré en la misma premisa, pero no lo dudes, en cuanto me dé cuenta, me levantaré, me iré, me voy.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Preferías morir antes que contar tu verdad

Cuántas veces morí con mi silencio, cuántas veces por no hablar habré buscado que el mundo me atacara. Cuántas me habré castigado por no reconocer mis sentimientos.
Callé. Y morí cada vez que sellé mi boca.
Callé. Callé. Y las palabras estallaron en mi pecho: provocando una muerte que evitaba el verme morir.
Y salió a la tierra cada cosa que no dije. Y con el miedo en las piernas, vi cómo mi silencio resonaba como grito, como salía de mí para ser dicho, para sembrar raíces nuevas.
Y observé con las manos apretadas como crecieron las semillas hasta crearme un hogar.
Pude comprobar como el poder de cada eco, que salía de mi cuerpo para encontrar su lugar, iba levantando la tierra y elevándome entera.
De repente anduve por un camino que me hizo pasar de sentirme muerta a viva.

Cuántas veces preferí apretar con fuerza la lengua antes que gritar.
Me hice tanto daño que elegí lanzarme al vacío antes que soltar mi dolor.
Me aferré tanto a él que dejé de ver todo lo que existía al rededor.
Y cuando salté, sujetándolo con fuerza, y perdí el sentido de todo camino,
pude abrir mis ojos, y verme separada de él: había salido al exterior.
Desde entonces sé que todo lo que nace dentro, nace para volar fuera del cuerpo, y crear historia.
Que cada emoción necesita pronunciarse, para levitar.
Y que la solución de cada herida es darle rienda suelta y que la vean caminar.
Que sorprenda al enseñar cómo lo que duele es capaz de recrearse y llevarte a tu hogar.
Cómo se transforma lo vivido en fuego que nos alumbra camino.
El poder del dolor, es tan fuerte, que cuando lo pronuncias, te transforma por completo y deja de dolerte.
Di siempre tu verdad, porque la verdad, te hace libre...