Este año ha supuesto un aprendizaje tan grande que no me cabe en el pecho al pronunciarlo. Porque trasciende.
Empecé este año intentando quitarme la vida. Lo acabo más viva que nunca.
Ha sido difícil, muy difícil. La depresión es amarga. Te anula. Te presiona a cada momento del día.
Ha sido duro superar cada pensamiento, cada idea destructiva, cada agresión, cada recuerdo.
Ha sido duro sujetarme. Pero invirtiendo todos mis esfuerzos en seguir adelante, he descubierto el mayor tesoro: amarme a mí misma. Puedo decir con la boca grande, que me amo.
No me quedan palabras para agradecerme a mí misma el haber salido victoriosa de cada herida, las que me he provocado a mí misma y las que me provocaron.
Ha costado muchísimo, soltar aquello a lo que estaba aferrada, emprender mi camino, pronunciar mi dolor.
Pero la verdad me ha hecho libre.
He sentido muchas veces caer. Hasta hace poco me vi sumergida.
Ahora miro arriba.
Vida, te doy las gracias, por haberme dado la oportunidad de renacer.
Estoy tan emocionada que no me cabe en el alma: gracias por darme un hogar, por dejar que Neo llegara a mi vida, por darme fuerzas para soltar y aprender a amar mi soledad, a amarme. Gracias por darme la oportunidad de reconciliarme conmigo y quienes formaron y forman mi vida. Por acercarme a las personas bonitas de mi vida, por la paz y armonía que me aportan. Por cada momento reído a su lado, por el apoyo cuando hemos llorado.
Gracias por hacerme libre, de mi propio dolor, del dolor que ocasionan las relaciones que atan y no aman, de negar mi cuerpo y mi alma. Gracias por darme la oportunidad, de ir descubriendome a mí misma. De descubrir, que el ser, trasciende a cualquier dolor.
Gracias por la constancia. Porque no siempre fue fácil persistir. Pero sin embargo lo hicimos, aún pareciendo que el tiempo estaba parado, cada día, era un día en el que íbamos llegando un poquito más lejos.
Tengo tanto amor en mi vida que me falta longitud en los brazos para abrazarlo entero.
Gracias a mi padre, que me ha ayudado a curarme. Que con su amor ha apostado por un proyecto en el que juntos, poder compartir la vida. A Fran, que conforma para mí la que ahora es mi familia.
Y también a ti, mamá. Por tu amor. Por haberme criado desde pequeña. Por enseñarme lo que no quiero, pero también lo que es sentir el corazón cálido cuando me abrazas. Por habernos perdonado, por tu fuerza, por tu luz. Que la miro: la miro y puede a cualquier sombra.
Gracias a mi Desca y a mi Neo, que han sido y son mis compañeros de vida. Que con su amor incondicional han pasado conmigo cada día, queriéndome en todos y cada uno de ellos. Llenándome de luz.
Gracias a vosotras, a las personas bonitas que me cuidan, y a las que quiero cuidar con todo mi corazón. Porque tener a personitas tan especiales como vosotras en mi vida hace vibrar mi alma entera. Porque me ensanchais cada día el corazón, y con vuestro amor al lado, viéndome crecer, he conseguido creer más en mí.
He pasado de no mirarme a reconocer cada parte de mí misma.
Gracias, pequeña yo. Por tu fuerza. Por confiar siempre en que lo conseguiría aún negándote. Por luchar. Por acabar el año conectada y en sintonía. Me doy las gracias, con todo mi amor, por haber estado conmigo aún cuando fui enemiga de mí misma. Porque el cariño personal, también trasciende el autoataque. Porque cuando persistimos, nos amamos. Me amo, viva.
Gracias. Gracias a las personitas mayores que han confiado en mi mano, en mi presencia, en mi trabajo. Por dejarme cuidarlas y regalarme cada día de confianza y cariño.
Gracias a los nenes de Culturas Unidas, que me descubren cada día mi vocación y me dan la oportunidad de aprender cada día.
Gracias a todo.
A lo bueno. A lo que causó dolor. A las ausencias que han dejado camino a personas que habéis aparecido en mi vida y que sois especiales, auténticas, mágicas. Con las que aprendo de ellas, con ellas, y de mí misma.
Gracias a la depresión. Que ha conseguido que me de cuenta de la gran fuerza y capacidad de superación que aguardamos dentro. Gracias porque, dolor, cuando por fin he reconocido tu existencia, he sido libre. Porque hemos construido un hogar.
Gracias a lo bueno. Que me ha acompañado en el proceso de este crecimiento.
De este crecimiento, que no acaba, que no cesa.
Este año ha sido un año de destruir, destruir siempre duele, pero a veces es necesario para construir lo nuevo. Este año ha sido de, por tanto, construir también. He construido más que nunca en toda mi vida. Y se me llena la vida de lo orgullosa que estoy.
Gracias a la sororidad, a la fuerza que tiene la unión de las mujeres, que me ha hecho recordar parte de mi identidad cuando la había perdido. Gracias a mis hermanas, que aún sin conocerme, se han acercado con sus palabras, han sembrado vida en la tierra, han alumbrado camino, han cosechado historia. Gracias a quien, sin conocerme, me habló para abrazar una victoria, a Elena, por llegar con su corazón y sororidad.
La felicidad es un estado de serenidad. Me siento, con lo bueno, con lo malo, serena....
Gracias por todo lo aprendido. Por las ganas de seguir aprendido. De ver cómo aflora este año nuevo.
Gracias a lo que se quedó en el camino, que vino a enseñarme mundo mientras estuvo.
Gracias, porque empecé el año sin mí, pero lo acabo conmigo.