Me di cuenta de que a veces solo se trata de alzar la cabeza.
Y ahí estaba, con la vista alzada, el camino recto que ponía mi posición del revés y me volvía otra vez mía.
He luchado contra todas mis caras, las más buenas y las más malas. Las dos son igual de insanas.
Perdí mi infancia pensando en crecer para salir de casa.
Y ahora recupero mi niñez con una risa nueva que emerge y me pone en pie.
He deshecho todos los nudos porque he descubierto que para que el miedo se vaya primero hay que alimentarlo, haciendo todo aquello que me paraba el pecho he vuelto a latirme adentro, y uniendo mis manos con mis pies, he formado dos alas que me han reparado y han hecho valiosa cada cicatriz.
Por cada lágrima soltada he vuelto a crecer.
Y ya no lluevo. Amanezco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario