La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Despega libre la ansiedad resuelta cuando desapego.


Otra vez, lo estoy volviendo a hacer.
Mientras me centro en que me quieran los demás, me olvido de quererme.
Me estoy tapando con cuerpos que no son mi hogar.

No quiero nada.
No quiero a nadie.
No puedo quererme con formas de amar que no salen de mi pecho.

Y quiero recordarme que empecé el camino: el de amarme a mí misma.
Y quiero darme cuenta, de que me he desviado, nuevamente, en la salida equivocada.
Siempre paso por este mecanismo de defensa.
El de poner en llamas el vacío utilizando el fuego que me proporcionan otras bocas.
Pero mi miedo se extiende cuando no utilizo mis propios pies para despegarme de aquello que me ata.

Están engordando, otra vez, mis míseros fantasmas, mientras hago esto.
Con el lema de salvar y no salvarme.
De que me quieran aunque para eso deba descuidarme.
Están cobrando vida, otra vez, los paisajes en los que deseé cerrar los ojos.
Mientras dejo de mirarme, para mirar otros ojos, mientras paso el tiempo y lo mido en que otras personas me quieran,  mientras desconecto de este vuelo que emprendo solo para mí, me olvido de mí misma.

Y ahora, que amplío mis pupilas y las extiendo a todo lo que empieza a colocarse en mi vida, me doy cuenta: de que en ninguna estoy yo.
Así que me despido de esta falsa en la que tantas veces me enredan mis fantasmas.
Me despido de esa boca,
De ese cuerpo,
De esa mente,
De esa necesidad,
De ese quererme,
Porque yo no necesito que nadie me quiera.

Solo necesito, estar sola.

Así que me pido irme de sitios que no me pertenecen.
De lugares donde no crezco.
De escudos que me pongo y no me dejan quererme a mí misma.
Me despido de querer encontrarme en otras formas: no estoy en ninguno de vuestros cuerpos, menos cuando hago el falso amor con ellos.

Quiero irme,
Estoy pisando el barro por miedo, y cada vez los pies me avanzan menos.
Así que, miedo, pienso vencerte, y demostrarte, que no necesito que nadie me quiera, para quererme.

Y cogeré fuerzas. Y emprenderé de nuevo.
Caeré en la misma premisa, pero no lo dudes, en cuanto me dé cuenta, me levantaré, me iré, me voy.

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