La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

domingo, 21 de octubre de 2018

Destapo y emerjo.

Recubre mi alma una piel densa y sensible muchas veces.
Basta una mirada para desquebrajarla entera y dejarme libre. Y desde que conozco esto, me miro, adentro, sin límite, me arrojo.
Destapo la piel vieja que no sirve, me duele despegarme de ella. Dolor placentero al mirar la nueva hierba.
Han salido flores en las grietas.
Me quedo mirando sus formas, sus colores. Un olor nuevo a primavera que aún desconozco.
Respiro esta etapa nueva del aire y me abrazo. Enteramente mía.
Y de las tormentas pasadas aún preserva lluvia en mi cuerpo. Lluvia que expulso para regar. Y nuevamente, todo despega, todo crece.
Esta subida en la que temo muchas veces recaer, me lleva a nuevas formas de mirar la vida, subo y descubro la altitud que llevo dentro de mí misma.
Y aun subiendo y quedando sorprendida de la altura a la que llegamos cuando andamos mar adentro, miro con ojos tristes la bajada. Todo lo que cae mientras avanzo. Todo lo que va desvistiendo al árbol al que tantas veces abracé. Hoja a hoja se deshace para dar raíces nuevas. Veo el vuelo lento y cuesta abajo de esas hojas, que se llevan consigo una parte importante de mi historia, que no pertenece ya al presente y su viaje es quedarse atrás.
Siento su caída mientras subo.
Me cuesta subir mientras deshojo. Cojo fuerza y llena de aire, sigo poniendo los pies hacia delante.
Dolerá dejar ir lo que ya no pertenece a este espacio y a este tiempo.
Dejarán hueco a todo lo nuevo que entra y me descubre, que la vida nunca acaba y siempre sigue.
Llenando mis pupilas de destello, amo todo lo nuevo, aunque a veces sienta la tristeza del descenso de lo viejo.

viernes, 19 de octubre de 2018

Renazco, impregnada de mí.


Vuelvo a ilusionarme con la vida, y mi cuerpo, y mi alma, todo brilla.
Ya no hay miedo, no me tapo, no me escondo. Ésta soy yo.
He vuelto a flote, y estoy sintiendo poro a poro cada gota de aire.
Que me abraza y me repite, que he vuelto a andar con más semillas que pasos.
He amado las malas hierbas, y ha vuelto a llover, y sin negarme a ser tormenta, he dejado al buen tiempo pasar.
He convertido un descampado seco en un jardín desnudo, donde bailo para sembrar lo nuevo.
Tengo raíces nuevas en los dedos. Y ahora escribo lo que siento, porque ya no temo.
Soy feliz, porque he vuelto a pactar conmigo misma la paz, y todo el amor que tengo para dar también es para mí.
Ahora puedo decir, que me vibra la risa, se me contagia la vida. Me siento enteramente viva. Y las partes muertas que sembré en mi cuerpo, han resurgido con más fuerza, todos los vacíos han creado en mí la voz guerrera que llevo dentro, que retumba en la tierra y abre mi camino al pasar.
Guerrera, así me siento. Valiente, entera, amada por mí.
Vuelvo a ser yo, vuelvo a estar en armonía con cada hueco de mi vida.
Me miro a los ojos y entiendo todo lo que cuentan mis pupilas: me escucho y me respondo.
Ha nacido en cada palabra trémula un eco incesante que se me repite en el pecho y me abraza a cada instante.
Ha nacido en la sombra una luz nueva, que se enciende y da respuesta.

Mirando hacia dentro, te dejo salir de mí.

Se me han acumulado las experiencias en el cuerpo, y he andado con ellas en los pies, con el alma densa y cargada.
Y queriendo, sin querer, he buscado liberar el peso de mi espalda, en un cuerpo que tiene el mismo derecho a ser libre que el mío.
He abierto la ventana de mi pecho, y he visto el paisaje oscuro en el que muchas veces te he sumergido, te pido perdón.
Dejo que te vayas, del todo, por el camino que más gustes, con el mismo derecho que tienes a rehacerte sin que yo esté en tu vida y dejo irme, con el derecho que tengo yo a que no estés.
Siempre he querido soltar, y con la boca cerrada y contenida, no podía liberar,
una parte de mí que no quería que yo misma me fuera, pero que siempre quiso verte ir.
Porque fuimos egoístas y hoy veo el pozo negro en el que miré y sentí tantas veces.
Te vas, te vas, te has ido. Y estoy libre, porque eres libre, y yo también.
Acaban de salirle alas a la despedida a la que nunca quise dejar ir.

Amor hacia mí.

Marca mi cuerpo su paso por el tiempo.

Vuelvo a sentir el aire que viene desde dentro de mi pecho, y mi niña pequeña ha vuelto a respirar.
Me emociona mirarme desde que veo sus pupilas en mis ojos y me reconozco.
He descubierto que cada herida tiene varias salidas.
Solo puedo darme las gracias por nunca abandonarme, porque a pesar de haberme hecho tanto daño, hoy sigo, valiente, a mi lado.
Así que gracias, pequeña yo, por salvarme la vida con la valentía que se tiene dentro de una misma, porque nunca estaremos vencidas mientras nos quede la voz.
Llena de aire, he convertido el daño en alas, que fuera de mí, se van.
Me ha descubierto la vida, al navegar, un mapa de oportunidades.
Ahora que no me niego a mí misma, ahora que mi voz dicta mis pasos, puedo decir que en cada giro que doy, lo doy desnuda, siendo yo, latiéndome en el pecho.
Nunca había conocido sensación más bonita que esta, la de tenerme en las manos y soltarme a nadar, mis penas se van. Brota mi alma como nunca, vuelve a brillar, y yo me baño, desnuda en ella, sintiendo todo su resplandor.