La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

martes, 4 de junio de 2019

Mirada adentro.

Abre los ojos, y para abrirlos, ciérralos.
Mirada adentro.
Sumérgete en el cuerpo, y como nave en el espacio, navégate.
Escucha las historias que tenga que contarte el alma.
Deja que su voz te atraviese la mirada. Hasta que sea vehículo de la luz en el camino. Y camina.
Y de vez en cuando, frena, para.
Que lo de fuera no vista con disfraces tus pupilas.
Grita. Grita.
Escúchate en el eco.
Y sé tú misma.
Transgrede hasta que el tejido de lo que oprime caiga.

Y de vez en cuando volverá algún mísero fantasma, a recordarte la existencia de lo que ata.

Está bien. Abrázalo. Suelta y salta.

Viaja a ti, enciende la palabra.

lunes, 3 de junio de 2019

Viento sur.

Viento sur,
mis ojos tienen tu mar,
lloran sal.
Acaricias mi cuerpo, convirtiéndolo en arena.
Me fundo en tu tierra.
Muchas han sido las veces que he pensando en no volver a este lugar que me vió crecer y estiró mis ojos chicos.

Porque con tu caricia, todo te lo llevas.
Y los mejores momentos de mi vida los he vivido aquí, en este patio andaluz.
Donde mi madre vuelve a reír,
la comida sabe más rica,
la gente acoge y el paisaje se calca como una ola atravesándote el cuerpo.

Cómo no llorararte, si barriste mis miedos como silueta de fuego,
pero también soplaste fuerte a todo lo que aquí disfruté, y del polvo ya sólo queda su olor.
Universo de recuerdos a los que ya no tengo acceso.

Me has hecho sentir tanto amor.

Cada noche, paseando en tu luz,
el sonido de la marea, llenando de agua viva mis huecos vacíos.
Tu silencio, con la mirada adentro.

No puedo negarte, porque sembraste en mi niña un hogar, un lugar a donde ir y sentirse segura.

Aquí renazco, pisar tu tierra, es gritar que estoy viva.

Y a veces, viento sur, he pensado en aparcar el barco velero que me lleva a ti.

Te lloro con los ojos grandes de una niña chica.

Siento los labios salados, y nuevamente, he podido comprobar que así como vengo sin nada, me voy de ti, con todo.

Me reencuentras con esa nena a la que empujaste a vivir, me siento en el aire,
en él me envuelves como caramelo, porque me veo reflejada en este suelo.

Cómo no volver a ti, Andalucía, si eres hogar.
Y pintas las miradas, que, como camaleones, van cambiando cada año de colores, para recordarnos, que la vida es camino.

Y en ti vuelvo a andar...