Abre los ojos, y para abrirlos, ciérralos.
Mirada adentro.
Sumérgete en el cuerpo, y como nave en el espacio, navégate.
Escucha las historias que tenga que contarte el alma.
Deja que su voz te atraviese la mirada. Hasta que sea vehículo de la luz en el camino. Y camina.
Y de vez en cuando, frena, para.
Que lo de fuera no vista con disfraces tus pupilas.
Grita. Grita.
Escúchate en el eco.
Y sé tú misma.
Transgrede hasta que el tejido de lo que oprime caiga.
Y de vez en cuando volverá algún mísero fantasma, a recordarte la existencia de lo que ata.
Está bien. Abrázalo. Suelta y salta.
Viaja a ti, enciende la palabra.
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