La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

lunes, 31 de diciembre de 2018

2018

Este año ha supuesto un aprendizaje tan grande que no me cabe en el pecho al pronunciarlo. Porque trasciende.
Empecé este año intentando quitarme la vida. Lo acabo más viva que nunca.
Ha sido difícil, muy difícil. La depresión es amarga. Te anula. Te presiona a cada momento del día.
Ha sido duro superar cada pensamiento, cada idea destructiva, cada agresión, cada recuerdo.
Ha sido duro sujetarme. Pero invirtiendo todos mis esfuerzos en seguir adelante, he descubierto el mayor tesoro: amarme a mí misma. Puedo decir con la boca grande, que me amo.
No me quedan palabras para agradecerme a mí misma el haber salido victoriosa de cada herida, las que me he provocado a mí misma y las que me provocaron.
Ha costado muchísimo, soltar aquello a lo que estaba aferrada, emprender mi camino, pronunciar mi dolor.
Pero la verdad me ha hecho libre.

He sentido muchas veces caer. Hasta hace poco me vi sumergida.
Ahora miro arriba.
Vida, te doy las gracias, por haberme dado la oportunidad de renacer.

Estoy tan emocionada que no me cabe en el alma: gracias por darme un hogar, por dejar que Neo llegara a mi vida, por darme fuerzas para soltar y aprender a amar mi soledad, a amarme. Gracias por darme la oportunidad de reconciliarme conmigo y quienes formaron y forman mi vida. Por acercarme a las personas bonitas de mi vida, por la paz y armonía que me aportan. Por cada momento reído a su lado, por el apoyo cuando hemos llorado.
Gracias por hacerme libre, de mi propio dolor, del dolor que ocasionan las relaciones que atan y no aman, de negar mi cuerpo y mi alma. Gracias por darme la oportunidad, de ir descubriendome a mí misma. De descubrir, que el ser, trasciende a cualquier dolor.
Gracias por la constancia. Porque no siempre fue fácil persistir. Pero sin embargo lo hicimos, aún pareciendo que el tiempo estaba parado, cada día, era un día en el que íbamos llegando un poquito más lejos.

Tengo tanto amor en mi vida que me falta longitud en los brazos para abrazarlo entero.
Gracias a mi padre, que me ha ayudado a curarme. Que con su amor ha apostado por un proyecto en el que juntos, poder compartir la vida. A Fran, que conforma para mí la que ahora es mi familia.
Y también a ti, mamá. Por tu amor. Por haberme criado desde pequeña. Por enseñarme lo que no quiero, pero también lo que es sentir el corazón cálido cuando me abrazas. Por habernos perdonado, por tu fuerza, por tu luz. Que la miro: la miro y puede a cualquier sombra.
Gracias a mi Desca y a mi Neo, que han sido y son mis compañeros de vida. Que con su amor incondicional han pasado conmigo cada día, queriéndome en todos y cada uno de ellos. Llenándome de luz.
Gracias a vosotras, a las personas bonitas que me cuidan, y a las que quiero cuidar con todo mi corazón. Porque tener a personitas tan especiales como vosotras en mi vida hace vibrar mi alma entera. Porque me ensanchais cada día el corazón, y con vuestro amor al lado, viéndome crecer, he conseguido creer más en mí.
He pasado de no mirarme a reconocer cada parte de mí misma.
Gracias, pequeña yo. Por tu fuerza. Por confiar siempre en que lo conseguiría aún negándote. Por luchar. Por acabar el año conectada y en sintonía. Me doy las gracias, con todo mi amor, por haber estado conmigo aún cuando fui enemiga de mí misma. Porque el cariño personal, también trasciende el autoataque. Porque cuando persistimos, nos amamos. Me amo, viva.
Gracias. Gracias a las personitas mayores que han confiado en mi mano, en mi presencia, en mi trabajo. Por dejarme cuidarlas y regalarme cada día de confianza y cariño.
Gracias a los nenes de Culturas Unidas, que me descubren cada día mi vocación y me dan la oportunidad de aprender cada día.
Gracias a todo.
A lo bueno. A lo que causó dolor. A las ausencias que han dejado camino a personas que habéis aparecido en mi vida y que sois especiales, auténticas, mágicas. Con las que aprendo de ellas, con ellas, y de mí misma.
Gracias a la depresión. Que ha conseguido que me de cuenta de la gran fuerza y capacidad de superación que aguardamos dentro. Gracias porque, dolor, cuando por fin he reconocido tu existencia, he sido libre. Porque hemos construido un hogar.
Gracias a lo bueno. Que me ha acompañado en el proceso de este crecimiento.
De este crecimiento, que no acaba, que no cesa.
Este año ha sido un año de destruir, destruir siempre duele, pero a veces es necesario para construir lo nuevo. Este año ha sido de, por tanto, construir también. He construido más que nunca en toda mi vida. Y se me llena la vida de lo orgullosa que estoy.
Gracias a la sororidad, a la fuerza que tiene la unión de las mujeres, que me ha hecho recordar parte de mi identidad cuando la había perdido. Gracias a mis hermanas, que aún sin conocerme, se han acercado con sus palabras, han sembrado vida en la tierra, han alumbrado camino, han cosechado historia. Gracias a quien, sin conocerme, me habló para abrazar una victoria, a Elena, por llegar con su corazón y sororidad.
La felicidad es un estado de serenidad. Me siento, con lo bueno, con lo malo, serena....
Gracias por todo lo aprendido. Por las ganas de seguir aprendido. De ver cómo aflora este año nuevo.
Gracias a lo que se quedó en el camino, que vino a enseñarme mundo mientras estuvo.
Gracias, porque empecé el año sin mí, pero lo acabo conmigo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Cuidarse.

Voy a desnudarme entera delante de esta sombra que el muro me deja.
Voy a romper cada prenda que carga de peso mi luz, y voy a cuidarme por dentro y por fuera.
No quiero que otras bocas me renombren con su voz, quiero ser yo quién se alze a sí misma y camine junto a mí en la partida de esta etapa nueva.
No voy a volver a sentirme culpable, pero aceptaré siempre la responsabilidad que me toca.
Ha mojado la lluvia mi alma entera y creo que la mejor opción es amar mi frío.
No voy a rasgarme más la conciencia, no voy a anularme.
A partir de ahora tomo partida, pongo un paso al frente, me digo a mí misma: 'estoy contigo'
Me armo de fuerza y me quito otra vez esa presión de que la gente me ame aunque para eso no pueda ser quien soy.
A partir de ahora, soy yo.
Y esta es mi luz.
He prendido fuego y vuestro dominio no puede apagarlo.
Voy a avivar todo aquello que se mató por buscar vuestra satisfacción.
Y con la herida abierta, me adentro en el miedo, para vencerlo.
No necesito de vuestros cuidados, ya me cuido yo. Así que no vengáis a salvarme, a poner en mi boca la palabra que sentís que me rescata, porque voy a pronunciarme. 

Amanezco.

He mirado al cielo después de estar rozando la frente en el suelo.
Me di cuenta de que a veces solo se trata de alzar la cabeza.
Y ahí estaba, con la vista alzada, el camino recto que ponía mi posición del revés y me volvía otra vez mía.
He luchado contra todas mis caras, las más buenas y las más malas. Las dos son igual de insanas.
Perdí mi infancia pensando en crecer para salir de casa.
Y ahora recupero mi niñez con una risa nueva que emerge y me pone en pie.
He deshecho todos los nudos porque he descubierto que para que el miedo se vaya primero hay que alimentarlo,  haciendo todo aquello que me paraba el pecho he vuelto a latirme adentro, y uniendo mis manos con mis pies, he formado dos alas que me han reparado y han hecho valiosa cada cicatriz.
Por cada lágrima soltada he vuelto a crecer.
Y ya no lluevo. Amanezco.  

Frío

Asciende el cuerpo a lo alto de la espada. Que se clava. Me intento mirar en ella, pero mis ojos se pegan. Se clavan. Neblina tardía que siempre llega. Me pesa el pecho de aire y de agua. Intento prender fuego pero no puedo. Se apaga. Lo apagan. A veces me pregunto si llegará el día, el momento. La respiración completa de la palabra. El grito que ya calla porque todo lo ha gritado. Llegará ese día en el que pueda andar sin espigas. En el que cada paso emerja desde el alma, en el que la necesidad se vaya.
Mente. Para. De ensuciarme el alma.
Para de echar barro a mis venas.
Expulsa tu veneno para no supurar. Déjame en paz.
Deshiela el frío de al rededor de mi cuerpo. Descongela mis bloqueos para que así se vayan.

Despega libre la ansiedad resuelta cuando desapego.


Otra vez, lo estoy volviendo a hacer.
Mientras me centro en que me quieran los demás, me olvido de quererme.
Me estoy tapando con cuerpos que no son mi hogar.

No quiero nada.
No quiero a nadie.
No puedo quererme con formas de amar que no salen de mi pecho.

Y quiero recordarme que empecé el camino: el de amarme a mí misma.
Y quiero darme cuenta, de que me he desviado, nuevamente, en la salida equivocada.
Siempre paso por este mecanismo de defensa.
El de poner en llamas el vacío utilizando el fuego que me proporcionan otras bocas.
Pero mi miedo se extiende cuando no utilizo mis propios pies para despegarme de aquello que me ata.

Están engordando, otra vez, mis míseros fantasmas, mientras hago esto.
Con el lema de salvar y no salvarme.
De que me quieran aunque para eso deba descuidarme.
Están cobrando vida, otra vez, los paisajes en los que deseé cerrar los ojos.
Mientras dejo de mirarme, para mirar otros ojos, mientras paso el tiempo y lo mido en que otras personas me quieran,  mientras desconecto de este vuelo que emprendo solo para mí, me olvido de mí misma.

Y ahora, que amplío mis pupilas y las extiendo a todo lo que empieza a colocarse en mi vida, me doy cuenta: de que en ninguna estoy yo.
Así que me despido de esta falsa en la que tantas veces me enredan mis fantasmas.
Me despido de esa boca,
De ese cuerpo,
De esa mente,
De esa necesidad,
De ese quererme,
Porque yo no necesito que nadie me quiera.

Solo necesito, estar sola.

Así que me pido irme de sitios que no me pertenecen.
De lugares donde no crezco.
De escudos que me pongo y no me dejan quererme a mí misma.
Me despido de querer encontrarme en otras formas: no estoy en ninguno de vuestros cuerpos, menos cuando hago el falso amor con ellos.

Quiero irme,
Estoy pisando el barro por miedo, y cada vez los pies me avanzan menos.
Así que, miedo, pienso vencerte, y demostrarte, que no necesito que nadie me quiera, para quererme.

Y cogeré fuerzas. Y emprenderé de nuevo.
Caeré en la misma premisa, pero no lo dudes, en cuanto me dé cuenta, me levantaré, me iré, me voy.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Preferías morir antes que contar tu verdad

Cuántas veces morí con mi silencio, cuántas veces por no hablar habré buscado que el mundo me atacara. Cuántas me habré castigado por no reconocer mis sentimientos.
Callé. Y morí cada vez que sellé mi boca.
Callé. Callé. Y las palabras estallaron en mi pecho: provocando una muerte que evitaba el verme morir.
Y salió a la tierra cada cosa que no dije. Y con el miedo en las piernas, vi cómo mi silencio resonaba como grito, como salía de mí para ser dicho, para sembrar raíces nuevas.
Y observé con las manos apretadas como crecieron las semillas hasta crearme un hogar.
Pude comprobar como el poder de cada eco, que salía de mi cuerpo para encontrar su lugar, iba levantando la tierra y elevándome entera.
De repente anduve por un camino que me hizo pasar de sentirme muerta a viva.

Cuántas veces preferí apretar con fuerza la lengua antes que gritar.
Me hice tanto daño que elegí lanzarme al vacío antes que soltar mi dolor.
Me aferré tanto a él que dejé de ver todo lo que existía al rededor.
Y cuando salté, sujetándolo con fuerza, y perdí el sentido de todo camino,
pude abrir mis ojos, y verme separada de él: había salido al exterior.
Desde entonces sé que todo lo que nace dentro, nace para volar fuera del cuerpo, y crear historia.
Que cada emoción necesita pronunciarse, para levitar.
Y que la solución de cada herida es darle rienda suelta y que la vean caminar.
Que sorprenda al enseñar cómo lo que duele es capaz de recrearse y llevarte a tu hogar.
Cómo se transforma lo vivido en fuego que nos alumbra camino.
El poder del dolor, es tan fuerte, que cuando lo pronuncias, te transforma por completo y deja de dolerte.
Di siempre tu verdad, porque la verdad, te hace libre...

viernes, 16 de noviembre de 2018

Te escandilarás al ver todo lo que eres.

La vida me ha dado, otro cielo al que mirar.
La vida me ha dado, la posibilidad de crecer sin marchitar.
Y ahora, que lo veo todo desde los ojos con los que miro aquello que voy sintiendo en cada momento, ahora que veo oírse mi voz, que encuentro cuerpos, entre ellos el mío, que son su propio hogar, ahora que me he vuelto, desde lo ya vivido, a reinventar, entiendo cada valor de cada paso dado.

Me emociono por cada día en el que levantamos tristezas y miedos, de aquellos en los que no pudimos quitarnos el polvo pero persistimos, aunque fuese quedándonos quietos.
Me emociono porque tenemos en la boca victorias que contar para que otras vidas venzan aquello que les ata.


Yo, no puedo salvar a nadie. A veces incluso me cuesta sostenerme cuando tengo la mirada llena de hielo. A veces se escurren mis manos cuando me sujeto. A veces tengo que concentrarme para no perder el sostén del peso que se clava en el cuerpo, por cada cosa vivida. A veces me suelto. Y caigo. Pero no llego al fondo del suelo. Hay gravedad en la planta de mis pies. Y si caigo, desciendo pero vuelvo a crecer.
Y yo, que no puedo salvarte, sí puedo extender mis brazos, todo lo que el alma nos permita, para sujetarte cuando te sientas caer. Pero ten clara una cosa, y es que, aunque yo te alargue mis manos, serás tú quien, siempre, se salve.


Conecto contigo.
Tus ojitos azules que cuando te ríes se ponen chinos.
Tu sonrisa amplia despertando sensaciones nuevas por mañana.
Tu voz decidida.
El frío en el que a veces sumerges tus pupilas negras.

Déjame ayudarte, aunque seas tú quien tenga que salvarse.
Déjame decirte que no estás solo, y que vamos a conseguir tiempo y espacio para respetar las heridas.
Sólo tienes que dejar que salga tu luz para quitarte aquello que no es tú.
Deja cada cosa que no te deje verte, pasar. Déjalas pasar. Y espera, cuidándote, porque tienes historias que contar.
Porque tienes una voz que puede retumbar en el alma de toda persona que se cruce en tu camino.
Porque todo lo que superes hará que puedas llegar a quienes también tendrán que superarse.
Porque tienes semillas dentro que están esperando la oportunidad de florecer.
Porque te aseguro que cuando te mires por dentro bien, vas a comprender lo mucho, muchísimo, que merece la pena, esperar, a que lo malo pase. Porque lo malo te esconde a veces de ti. Pero nunca es tú. Tú, eres luz.

Y como me dijiste, cada luz tiene sombras porque sino no sería luz. Porque si nos queremos, nos vamos a querer humanos. Porque si tenemos sombras, vamos a tumbarnos encima de ellas y mirar hacia arriba, y mirar la claridad con la que se ven las cosas cuando cambias la perspectiva.
Y cada hueco en el que sientes vacío está hecho para que te dejes crecer, por dentro, entero tú.

Tienes que armarte de valor, porque a veces sentirás que los muros que nos dejan las cosas que vivimos, te limitan, te encierran en un espacio chiquitito. Pero el muro no es lo que existe.
Lo que existe es lo que está detrás de ese hueco donde te sientes tan pequeño.
Y cuando el muro se desquebraje entero, te seguro, que no te vas a arrepentir de haber luchado, por ti.
Déjame contarte que esas paredes pueden empujarse y caerse. Y que estoy contigo. Muy cerca de ti.

Deja a los cristales irse, a su ritmo, mientras amas el valor con el que luchas, porque las batallas, cuando son por uno mismo, siempre, se ganan.
Y yo, quiero estar contigo cuando cantes la victoria;
y se caiga al suelo todo aquello que nos hizo creer que no podríamos vencer.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Aire nuevo.

Acaba de convertirse en fuego cada cosa que hemos vivido.
Y ahora todo sirve para alumbrar camino.

Anduvimos quemándonos y ahora aquello que nos quemaba es la antorcha que tenemos en nuestra mano, quitando polvo, volviendo el miedo ceniza.
Ya nada puede pararnos. Y estoy orgullosa.
La luciérnaga que vivió en la noche ahora destaca con su luz.
Y vamos levantando la tierra, creando raíces nuevas, abriendo camino.
Vamos extendiendo la llama que nos queda.
Porque al fin podemos darnos cuenta de que nuestra historia, en la que tan pobres nos sentimos, se alza, y nos empodera.

martes, 6 de noviembre de 2018

Escucharse por dentro, hacerlo oír...

Estoy temblando, es que acaso, ¿me tengo miedo? ¿A qué tengo miedo? ¿Es que acaso me estoy dando cuenta de que tapar el vacío es sentirme más vacía?

Me pregunto.
Me respondo:

No tengas miedo.
Que eres valiente y fuerte.
Que tienes derecho a ser débil también.
Que tus puntos frágiles son fortalezas aunque no te lo creas.
No tengas miedo.
Que estoy contigo, aquí, adentro, cuidándote.
Que ya me encargo yo de que no te falte ni hambre ni sed.
Que te voy a llenar entera el alma
de amor propio.
No tengas miedo pequeña yo.
Que estás liderando batallas.
Que has convertido las montañas en arena.
Y soplaremos juntas para que se vaya todo el polvo que el pasado te deja.
Mira frente a ti.
Cierra los ojos.
Mírate, mírate. Mira tu espada de luz.
Mírate guerrera.
Que han crecido en tu dolor más victorias de las que podrás imaginarte. Y estás apagando las sombras.
Que la fuerza que llevas dentro sólo necesita ser sacada.
Que ya ha nacido en ti todo lo que necesitas de este mundo.
Que te tienes en el pecho y ya nada te para, porque ahora quien se late eres tú.
¿Lo notas?, ¿lo sientes?
¿Llegas a ti?
Cierra los ojos.
Que estamos juntas librando guerras internas.
Que empieza a salir en ti tu voz.
Y aunque no hables, se te escucha.
Pero habla. Grita. Suéltalo.
Alza, alza el poder sobre ti misma.
Alza, alza el amor que te tienes.
Alza, alza tus manos y escribe.
Alza, alza los nuevos pasos, y camina.
Alza, alza tu voz y escúchate.
Resuénate dentro del pecho.
Y siente, como la música que creas al ser tú misma, por fín se hace oír, ¿la escuchas?, yo sí.
Cierra los ojos, déjalo salir...

domingo, 21 de octubre de 2018

Destapo y emerjo.

Recubre mi alma una piel densa y sensible muchas veces.
Basta una mirada para desquebrajarla entera y dejarme libre. Y desde que conozco esto, me miro, adentro, sin límite, me arrojo.
Destapo la piel vieja que no sirve, me duele despegarme de ella. Dolor placentero al mirar la nueva hierba.
Han salido flores en las grietas.
Me quedo mirando sus formas, sus colores. Un olor nuevo a primavera que aún desconozco.
Respiro esta etapa nueva del aire y me abrazo. Enteramente mía.
Y de las tormentas pasadas aún preserva lluvia en mi cuerpo. Lluvia que expulso para regar. Y nuevamente, todo despega, todo crece.
Esta subida en la que temo muchas veces recaer, me lleva a nuevas formas de mirar la vida, subo y descubro la altitud que llevo dentro de mí misma.
Y aun subiendo y quedando sorprendida de la altura a la que llegamos cuando andamos mar adentro, miro con ojos tristes la bajada. Todo lo que cae mientras avanzo. Todo lo que va desvistiendo al árbol al que tantas veces abracé. Hoja a hoja se deshace para dar raíces nuevas. Veo el vuelo lento y cuesta abajo de esas hojas, que se llevan consigo una parte importante de mi historia, que no pertenece ya al presente y su viaje es quedarse atrás.
Siento su caída mientras subo.
Me cuesta subir mientras deshojo. Cojo fuerza y llena de aire, sigo poniendo los pies hacia delante.
Dolerá dejar ir lo que ya no pertenece a este espacio y a este tiempo.
Dejarán hueco a todo lo nuevo que entra y me descubre, que la vida nunca acaba y siempre sigue.
Llenando mis pupilas de destello, amo todo lo nuevo, aunque a veces sienta la tristeza del descenso de lo viejo.

viernes, 19 de octubre de 2018

Renazco, impregnada de mí.


Vuelvo a ilusionarme con la vida, y mi cuerpo, y mi alma, todo brilla.
Ya no hay miedo, no me tapo, no me escondo. Ésta soy yo.
He vuelto a flote, y estoy sintiendo poro a poro cada gota de aire.
Que me abraza y me repite, que he vuelto a andar con más semillas que pasos.
He amado las malas hierbas, y ha vuelto a llover, y sin negarme a ser tormenta, he dejado al buen tiempo pasar.
He convertido un descampado seco en un jardín desnudo, donde bailo para sembrar lo nuevo.
Tengo raíces nuevas en los dedos. Y ahora escribo lo que siento, porque ya no temo.
Soy feliz, porque he vuelto a pactar conmigo misma la paz, y todo el amor que tengo para dar también es para mí.
Ahora puedo decir, que me vibra la risa, se me contagia la vida. Me siento enteramente viva. Y las partes muertas que sembré en mi cuerpo, han resurgido con más fuerza, todos los vacíos han creado en mí la voz guerrera que llevo dentro, que retumba en la tierra y abre mi camino al pasar.
Guerrera, así me siento. Valiente, entera, amada por mí.
Vuelvo a ser yo, vuelvo a estar en armonía con cada hueco de mi vida.
Me miro a los ojos y entiendo todo lo que cuentan mis pupilas: me escucho y me respondo.
Ha nacido en cada palabra trémula un eco incesante que se me repite en el pecho y me abraza a cada instante.
Ha nacido en la sombra una luz nueva, que se enciende y da respuesta.

Mirando hacia dentro, te dejo salir de mí.

Se me han acumulado las experiencias en el cuerpo, y he andado con ellas en los pies, con el alma densa y cargada.
Y queriendo, sin querer, he buscado liberar el peso de mi espalda, en un cuerpo que tiene el mismo derecho a ser libre que el mío.
He abierto la ventana de mi pecho, y he visto el paisaje oscuro en el que muchas veces te he sumergido, te pido perdón.
Dejo que te vayas, del todo, por el camino que más gustes, con el mismo derecho que tienes a rehacerte sin que yo esté en tu vida y dejo irme, con el derecho que tengo yo a que no estés.
Siempre he querido soltar, y con la boca cerrada y contenida, no podía liberar,
una parte de mí que no quería que yo misma me fuera, pero que siempre quiso verte ir.
Porque fuimos egoístas y hoy veo el pozo negro en el que miré y sentí tantas veces.
Te vas, te vas, te has ido. Y estoy libre, porque eres libre, y yo también.
Acaban de salirle alas a la despedida a la que nunca quise dejar ir.

Amor hacia mí.

Marca mi cuerpo su paso por el tiempo.

Vuelvo a sentir el aire que viene desde dentro de mi pecho, y mi niña pequeña ha vuelto a respirar.
Me emociona mirarme desde que veo sus pupilas en mis ojos y me reconozco.
He descubierto que cada herida tiene varias salidas.
Solo puedo darme las gracias por nunca abandonarme, porque a pesar de haberme hecho tanto daño, hoy sigo, valiente, a mi lado.
Así que gracias, pequeña yo, por salvarme la vida con la valentía que se tiene dentro de una misma, porque nunca estaremos vencidas mientras nos quede la voz.
Llena de aire, he convertido el daño en alas, que fuera de mí, se van.
Me ha descubierto la vida, al navegar, un mapa de oportunidades.
Ahora que no me niego a mí misma, ahora que mi voz dicta mis pasos, puedo decir que en cada giro que doy, lo doy desnuda, siendo yo, latiéndome en el pecho.
Nunca había conocido sensación más bonita que esta, la de tenerme en las manos y soltarme a nadar, mis penas se van. Brota mi alma como nunca, vuelve a brillar, y yo me baño, desnuda en ella, sintiendo todo su resplandor.