Recubre mi alma una piel densa y sensible muchas veces.
Basta una mirada para desquebrajarla entera y dejarme libre. Y desde que conozco esto, me miro, adentro, sin límite, me arrojo.
Destapo la piel vieja que no sirve, me duele despegarme de ella. Dolor placentero al mirar la nueva hierba.
Han salido flores en las grietas.
Me quedo mirando sus formas, sus colores. Un olor nuevo a primavera que aún desconozco.
Respiro esta etapa nueva del aire y me abrazo. Enteramente mía.
Y de las tormentas pasadas aún preserva lluvia en mi cuerpo. Lluvia que expulso para regar. Y nuevamente, todo despega, todo crece.
Esta subida en la que temo muchas veces recaer, me lleva a nuevas formas de mirar la vida, subo y descubro la altitud que llevo dentro de mí misma.
Y aun subiendo y quedando sorprendida de la altura a la que llegamos cuando andamos mar adentro, miro con ojos tristes la bajada. Todo lo que cae mientras avanzo. Todo lo que va desvistiendo al árbol al que tantas veces abracé. Hoja a hoja se deshace para dar raíces nuevas. Veo el vuelo lento y cuesta abajo de esas hojas, que se llevan consigo una parte importante de mi historia, que no pertenece ya al presente y su viaje es quedarse atrás.
Siento su caída mientras subo.
Me cuesta subir mientras deshojo. Cojo fuerza y llena de aire, sigo poniendo los pies hacia delante.
Dolerá dejar ir lo que ya no pertenece a este espacio y a este tiempo.
Dejarán hueco a todo lo nuevo que entra y me descubre, que la vida nunca acaba y siempre sigue.
Llenando mis pupilas de destello, amo todo lo nuevo, aunque a veces sienta la tristeza del descenso de lo viejo.
- ABRIENDO CAMINO - Aquí encuentro todos los caminos en los que a veces no hallé salida. Me veo clara, auténtica, transparente y siendo yo. Este es el sitio en el que nunca puedo mentirme a mí misma. Me desnudo ante mí, y las palabras me quitan cada armadura. Aquí está cada flor, nueva y marchita, de lo que fui y de lo que soy.
La insistencia, Vicente Valero.
El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...
Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.
Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.
...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.
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