Estoy temblando, es que acaso, ¿me tengo miedo? ¿A qué tengo miedo? ¿Es que acaso me estoy dando cuenta de que tapar el vacío es sentirme más vacía?
Me pregunto.
Me respondo:
No tengas miedo.
Que eres valiente y fuerte.
Que tienes derecho a ser débil también.
Que tus puntos frágiles son fortalezas aunque no te lo creas.
No tengas miedo.
Que estoy contigo, aquí, adentro, cuidándote.
Que ya me encargo yo de que no te falte ni hambre ni sed.
Que te voy a llenar entera el alma
de amor propio.
No tengas miedo pequeña yo.
Que estás liderando batallas.
Que has convertido las montañas en arena.
Y soplaremos juntas para que se vaya todo el polvo que el pasado te deja.
Mira frente a ti.
Cierra los ojos.
Mírate, mírate. Mira tu espada de luz.
Mírate guerrera.
Que han crecido en tu dolor más victorias de las que podrás imaginarte. Y estás apagando las sombras.
Que la fuerza que llevas dentro sólo necesita ser sacada.
Que ya ha nacido en ti todo lo que necesitas de este mundo.
Que te tienes en el pecho y ya nada te para, porque ahora quien se late eres tú.
¿Lo notas?, ¿lo sientes?
¿Llegas a ti?
Cierra los ojos.
Que estamos juntas librando guerras internas.
Que empieza a salir en ti tu voz.
Y aunque no hables, se te escucha.
Pero habla. Grita. Suéltalo.
Alza, alza el poder sobre ti misma.
Alza, alza el amor que te tienes.
Alza, alza tus manos y escribe.
Alza, alza los nuevos pasos, y camina.
Alza, alza tu voz y escúchate.
Resuénate dentro del pecho.
Y siente, como la música que creas al ser tú misma, por fín se hace oír, ¿la escuchas?, yo sí.
Cierra los ojos, déjalo salir...
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