Si pudiera darme una forma, ocuparía con mi cuerpo mi lugar.
Materializaría con el aire un abrazo que tuviera la silueta del alma.
Entonces todo en mí se expanderia, caería cada muro y de un bloque se crearía un suelo sólido en el que caminar,
seria mi miedo un aliado hasta que no necesitara sostenerme porque me bastaría andar sintiendo sólo las raíces.
Nutriria mi piel dándole besos todos los días.
Sabría mi cuerpo que los besos no sólo se dan con la boca, también con las palabras.
Crearía un lenguaje en el que mi mente descansara y todo el amor propio refundara volviéndome un eco en el tiempo.
Y de esa manera, cuando me sintiera perdida de mi luz, solo tendría que afinar el oído y escucharme en el viento.
- ABRIENDO CAMINO - Aquí encuentro todos los caminos en los que a veces no hallé salida. Me veo clara, auténtica, transparente y siendo yo. Este es el sitio en el que nunca puedo mentirme a mí misma. Me desnudo ante mí, y las palabras me quitan cada armadura. Aquí está cada flor, nueva y marchita, de lo que fui y de lo que soy.
La insistencia, Vicente Valero.
El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...
Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.
Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.
...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.
lunes, 5 de agosto de 2019
Materia libertaria
jueves, 18 de julio de 2019
Orange moon
El aire es óleo, recorre los pigmentos de mi piel. Los colores explosionan dentro.
¿Qué siento cuando me acaricio?
Sumerjo los dedos en el fondo de mis plumas. Sensación suave en la que me aglutino. Cuerpo de gelatina fría. Recoge con la lengua los resquicios cálidos y amargos, rompe con saliva los tabúes.
Piel húmeda, deja que se escurra en el tiempo inmóvil. Todo es tránsito del alma. Sale fuego de mis labios, hay un dragón en mí que prefiere arder a que lo quemen. Así que le escucho rugir. Y ardo.
¿Puedes ver sus ojos que son míos, teñirse en las llamas?
martes, 4 de junio de 2019
Mirada adentro.
Abre los ojos, y para abrirlos, ciérralos.
Mirada adentro.
Sumérgete en el cuerpo, y como nave en el espacio, navégate.
Escucha las historias que tenga que contarte el alma.
Deja que su voz te atraviese la mirada. Hasta que sea vehículo de la luz en el camino. Y camina.
Y de vez en cuando, frena, para.
Que lo de fuera no vista con disfraces tus pupilas.
Grita. Grita.
Escúchate en el eco.
Y sé tú misma.
Transgrede hasta que el tejido de lo que oprime caiga.
Y de vez en cuando volverá algún mísero fantasma, a recordarte la existencia de lo que ata.
Está bien. Abrázalo. Suelta y salta.
Viaja a ti, enciende la palabra.
lunes, 3 de junio de 2019
Viento sur.
Viento sur,
mis ojos tienen tu mar,
lloran sal.
Acaricias mi cuerpo, convirtiéndolo en arena.
Me fundo en tu tierra.
Muchas han sido las veces que he pensando en no volver a este lugar que me vió crecer y estiró mis ojos chicos.
Porque con tu caricia, todo te lo llevas.
Y los mejores momentos de mi vida los he vivido aquí, en este patio andaluz.
Donde mi madre vuelve a reír,
la comida sabe más rica,
la gente acoge y el paisaje se calca como una ola atravesándote el cuerpo.
Cómo no llorararte, si barriste mis miedos como silueta de fuego,
pero también soplaste fuerte a todo lo que aquí disfruté, y del polvo ya sólo queda su olor.
Universo de recuerdos a los que ya no tengo acceso.
Me has hecho sentir tanto amor.
Cada noche, paseando en tu luz,
el sonido de la marea, llenando de agua viva mis huecos vacíos.
Tu silencio, con la mirada adentro.
No puedo negarte, porque sembraste en mi niña un hogar, un lugar a donde ir y sentirse segura.
Aquí renazco, pisar tu tierra, es gritar que estoy viva.
Y a veces, viento sur, he pensado en aparcar el barco velero que me lleva a ti.
Te lloro con los ojos grandes de una niña chica.
Siento los labios salados, y nuevamente, he podido comprobar que así como vengo sin nada, me voy de ti, con todo.
Me reencuentras con esa nena a la que empujaste a vivir, me siento en el aire,
en él me envuelves como caramelo, porque me veo reflejada en este suelo.
Cómo no volver a ti, Andalucía, si eres hogar.
Y pintas las miradas, que, como camaleones, van cambiando cada año de colores, para recordarnos, que la vida es camino.
Y en ti vuelvo a andar...
lunes, 13 de mayo de 2019
Pregúntate, cuántas veces al día te paras a sentir tu cuerpo.
A sentir los pies, las manos, el movimiento de tus caderas.
Cuántas veces al día cierras los ojos y te sumerges en la respiración como un vaivén lleno de vida que te traspasa entera.
Es necesario parar.
Parar a ver el mar.
El mar que cada una lleva dentro.
Para ver qué navega por ahí, dentro de tu cuerpo.
Qué sentimientos están en lo hondo de tu piel, qué acumulas. Qué necesitas soltar.
Limpiar el mar.
Para que el agua sea transparente y no densa.
Para llenarte a ti misma de caricias.
Para caminar ligera.
Pisa la tierra mojada, siéntete una con ella.
Permítete parar. Parar para sentirte.
Para sentir la vivez de cada célula,
para sentir la vida viva.
💚 Pachamama 💚
viernes, 3 de mayo de 2019
Tejer el suelo.
Hay una voz que te acompaña en el camino,
y te dice que hagas lo necesario para que te quieran,
que no importa quién seas,
que no te atrevas.
Y recorres, recorres, recorres el camino. Y un día está lleno de pisadas que no son tuyas, de árboles que desconoces porque no los has plantado con tus manos. Y entiendes, que por mucha gente que diga quererte en el camino, ese camino, no eres tú.
Así que decides buscar la salida, das un abrazo, a todo lo que anduvo de tal forma que no sintieras tus pies, y lo dejas salir de tu vida, para vivirte tú, tú, a ti misma.
Y por primera vez pisas la tierra. Tu tierra. Y por primera vez, te sientes en ella. Por primera vez notas plena tu existencia, porque te quieres. Caminando con tus propias raíces, dejando brotar lo que una lleva dentro, que se vea. Y sin nadie en el camino, salen frutos, y se caen muros que dejan a la vista, senderos paralelos que en la vista se cruzan, y te dejan seguir tu curso, y siguen también el suyo, mientras te acompañan. Y vas sintiendo entonces todo ese amor. Amor. Amor de tierra.
Ya no tienes miedo, ya no necesitas poner precio a las caricias, puedes salir afuera, ser tú misma y abrazar todo lo que vaya y venga, siendo tal y como eres.
He necesitado por un momento reencontrarme con paisajes en los que elegí no ser, para al volver a verlos darme cuenta, de que por fin soy.
Y entonces lo entiendes. Entiendes que eres libre cuando los sitios que te ataban ahora solo te abren a alzar tus alas. Y a marcharte, de donde no creces.
jueves, 18 de abril de 2019
Cuerpo vivo.
Respetar las heridas, darles amor y tiempo.
¿Cómo te he tratado hasta ahora, cuerpo?
Discúlpame, por haber tardado tanto en comprender, que eres mi casa, mi hogar, mi templo.
Te arropo, beso cada rincón y apéndice tuyo, siento mío tu rostro. Te acepto.
Querido cuerpo, por si han sido pocas las veces que lo digo, quiero que te cale la piel el te quiero más profundo.
Que se sumerja y te recorra entero, en cada partícula de luz, en todo mi ser.
Que te llegue el amor mío por el alma hasta irradiar fuera.
Prometo tratarte con calidez, hablarte bien. Sentirme orgullosa de tu lucha, de cómo eliges mostrarte ante el mundo.
Quiero quitarte toda cáscara impuesta por el ego: que además de quererte yo, te quieras tú.
Cuerpo mío.
Cuánto siento haber buscado fuera el amor que yo te debo.
Ahora entiendo tu miedo.
Pero he puesto en el centro de mi pecho una fuente que nos acaricia por dentro.
Y nunca más te dejaré solo.
Porque ha nacido en mí una enredadera de hierba, que te abraza y libera, para que te nutras de ella. Para que en cada semilla florezcas como tú quieras.
¡Estás vivo! Estás vivo y vives. Me permites vivir. A través de ti siento el mundo, palpo y saboreo. Amarte. Hoy elijo fundirme en tu abrazo. Cuerpo vivo.
domingo, 31 de marzo de 2019
Si estiras la palma curvada de la mano, puedes llegar a tocar el océano que desprende mi alma.
Vulnerabilidad abierta. Como el olor de las flores; fuerte y delicada.
Hay que acariciar cuidando. Para no arrancarnos los pétalos.
Desaprender el deshojar las margaritas para saber si nos quieren.
Desaprender lo arraigado, lo carcelario.
Expander con amor a una misma el amor, marcar el camino con el filo de las alas, dibujarnos en el aire. Fundirnos como el humo, en la nada, sernos todo. Y dejar nuestro paso como las caricias del viento en la cara.
Que el abrazo de ser se lleven las lágrimas, que la humedad nos de tierra mojada,
donde respirarnos bien. Para crecer.
Tumbarse en el césped, sentirse hierba, cerrar los ojos, respirar el aire, ser de donde te expandes.
miércoles, 27 de marzo de 2019
Luz de noche
Desnudo mi alma bajo el cielo y su neblina, y dejo que la caída de la tarde me recoja con su abrazo.
Brazos de la noche, lúcidos, que acarician mis mejillas.
Aire nuevo, tacto de seda erizándome el pecho.
Me sosiego.
Mis manos sin neblina, escriben ligeras como pétalos.
Inmarcesibles flores, niña, las que nos han nacido dentro.
Y aunque nunca mueran: yo las riego.
Las cuido, las quiero, las beso.
Cierro los ojos para abrir la mirada en lo nocturno. Y como un gato, me sumerjo en ello.
Brillan fuerte las estrellas, huele a pueblo, el fondo negro resalta la luz, el aire es fresco. Mi alma extensa me tiende su tacto, yo la acaricio y dejo arroparme por ella y su manto.
Gracias a cada paso: los indecisos, los tambaleantes y los decicididos. Todos ellos hicieron que se perdieran mis pies en un camino de nadie, para llevarme aquí. Y cada día, cada noche, en cada cielo, desde dentro: ya me encuentro.
jueves, 21 de febrero de 2019
Acúnate.
Nunca imaginé que se podía mudar tantas veces de piel.
Pero estamos sembrando nuestra luz, camino de querernos bien.
Tendré muchas veces que quitar de mí todo lo que cargue el alma.
Sumergir mis manos hasta calar los dedos en el barro acumulado, clavar las uñas en lo arraigado, sacarlo afuera: para hacer arcilla de todo lo superado.
Y construir, construir. Pulir las piedras aunque duelan las manos.
Haré homenaje de toda mi historia y caminaré en el camino de la luz, donde se juega con las sombras.
La tristeza realzada en su belleza, se irá llena de amor, del fondo de mi pecho.
Lloraré para reciclar todo el pantano.
¿Cuántas veces habrán cambiado de color el iris de mis ojos?
Dejé que el exterior me declarara incolora para imponerme su color. Pero tengo el lienzo de mi vida en las retinas y me dibujo en él con todo mi amor.
Ya no volverá a pasar, porque torno la mirada hacia mí misma, me pregunto: ¿qué no está bien?
Y excavo, excavo para alzar las alas.
Ahora desde mi alma es donde enciendo la luz.
Sé que cuando el mundo me sepa apagado, solo tengo que mirarme adentro.
Voy a cambiar la palabra esfuerzo por es fuerza; convertir, reciclar y aprender de lo que la vida me trae, me quita, me da.
Porque una nunca puede estar sola si el amor hacia sí misma, habita su piel.
viernes, 15 de febrero de 2019
Has sembrado en mi corazón el amor que no se puede olvidar.
Y a veces se expande por mi cuerpo, luciérnaga de la noche, que bajo la luna se funde en tu recuerdo.
Ahora siento que amo bien; te amo libre, dueño de ti.
Desde mi pecho te mando todo mi apoyo, celebro en mi alma tus victorias, me siento orgullosa, feliz de ti.
Nuestra ráfaga de luz nos dio demasiada sombra, y fue bonito vernos ir para poder ver al muro caer. Y ahora solo nos prende la luz. Nuestro cuerpo gobierna con su llama.
El fuego que siento al sentirme tan viva, alumbra la imagen de tu cuerpo, que está lleno de paz... Siento este calor, desde la distancia, que transforma todo lo que dolió y nos hace libres, amor... El calor que enciende tu alma.
Qué bonito es imaginarte crecer. Te siento, dentro de este cariño inmensurable.
Te abrazo desde tu libertad, y aunque el eco de todo ello pueda no llegar, lo lanzo al aire, dejo que la vida siga su curso con la ilusión de imaginarte siendo tú mismo.
Llevas luchando por tus sueños desde que eras un crío.
Ver que los materializas es un despliegue a la vida; un himno que recorre la garganta, que canta como un jilguero que se ama.
Siempre estaré tremendamente orgullosa de ti.
En mi corazón reside también tu música.
Gracias por regalarme la oportunidad de escucharla latir en el fondo de mi alma; estés donde estés.
Y al fin siento que este amor desde el que me expando no me duele; es a mar abierto, de brazos amplios, acogedor y limpio...
Hace casi un año fuimos a buscar a Neo a la estación. En sus ojos, y en los míos, siempre tendrás ese irremplazable, lugar.
miércoles, 13 de febrero de 2019
Abrazarte siempre en el recuerdo.
Hoy bajo la coraza, decido abrir mi pecho en canal, visibilizarte con el alma abierta. Hacerte memoria desde todo mi amor.
Y de nombrarte sale una luz que se dibuja en mi cuerpo, dejo que me lleve a la profundidad del recuerdo.
Estás consiguiendo tus sueños, ojalá poder decirte lo feliz que me hace eso. Poder contarte también mis victorias.
Si vieras el despliegue de mis alas, de mi libertad, ¿me reconocerías?
No parecemos los mismos, porque ahora somos quienes nos hacemos felices a nosotros mismos.
Te guardo con cariño, con el calor de un hogar, porque aquí siempre vas a tener tu casa.
Lates con armonía dentro de mi piel.
Desde que estoy conmigo misma, todo tiene un sabor distinto. Más dulce.
Pero después de tanto tiempo, te pienso, y sigues, erizándome el pecho.
Doy las gracias por habernos vivido.
Ya no deseo haberlo hecho diferente, porque no nacimos aprendidos, y de nuestras batallas nos hemos hecho dueños de nosotros mismos.
Todo lo que nos hizo daño, amor, lo abrazo, lo abrazo para que se cure despacio... Mientras me sosega el amor de todo lo que también, nos hizo felices.
viernes, 25 de enero de 2019
Poderosas.
Pasa tenso y distendido el tiempo, cuando tu alma crece.
Me miro, con los ojos llenos de aire nuevo.
Me digo: por fin lo conseguimos.
Me amo por ello.
Aunque también por todo lo que hubo y viví, saboreé, guardé en mi pecho y luego liberé, dejando volver cada cosa al lugar que la vio nacer. Al pecho de cada uno. Librando al mío de aquello que carga más peso del que una puede sostener.
Por fín, he vuelto a este punto en el que me tengo, y ya, ya por nada ni por nadie me pierdo.
Me ha costado vida y tiempo darme cuenta de que a quien más necesito es a mí misma, de que las deciones que tomamos cada día nos siembran por dentro, y que por eso, es tan importante escucharnos latir el cuerpo.
Estoy orgullosa.
No sólo de mi, sino de todas vosotras. Hermanas, compañeras.
Qué habéis caminado conmigo en el proceso. Mirad a dónde hemos llegado. Estamos hilando con nuestra voz la historia que deseamos vivir.
Sabemos que en cualquier momento, podemos bajar, pero no será lo mismo. Ya no, porque no nos pueden arrebatar todo lo aprendido, lo vivido. Así que todo tiene un sabor distinto.
Estoy emocionada, feliz, amo este cultivo.
Dejar cosas atrás por amor a una misma, es de lo más bonito que he hecho por mí.
Mirar cara a cara mi soledad ha sido una oportunidad, para saberme viva.
Y en mi soledad, darme cuenta de que no estoy sola: pongo el foco en mí y en cada cuerpo que trae armonía y que abre su casa para que pueda entrar en ella.
Conozco a personas que son luz, y juntas, expandimos. Irradiamos. Todo tiene un aire de calor, esta hoguera nada nos la apaga.
Sin cadenas.
Estoy tremendamente orgullosa de nosotras, de habernos decidido libres y nuestras. Nos hemos elegido a nosotras mismas.
Esto que estamos construyendo, es un mar abierto, donde por fin, como Frida, las penas aprendieron a nadar. Y a construir hogar, y cielo: libertad.
miércoles, 2 de enero de 2019
Suelta y aflora.
Atardece. En esta tarde donde puedo oírme.
Se ha puesto el contraste de colores frente a mí, me mira fijamente, con su densa luz.
Lo contemplo con ojos cargantes, que llorando, se descargan.
Llora niña, llora, para escuchar cantar al alma...