Has sembrado en mi corazón el amor que no se puede olvidar.
Y a veces se expande por mi cuerpo, luciérnaga de la noche, que bajo la luna se funde en tu recuerdo.
Ahora siento que amo bien; te amo libre, dueño de ti.
Desde mi pecho te mando todo mi apoyo, celebro en mi alma tus victorias, me siento orgullosa, feliz de ti.
Nuestra ráfaga de luz nos dio demasiada sombra, y fue bonito vernos ir para poder ver al muro caer. Y ahora solo nos prende la luz. Nuestro cuerpo gobierna con su llama.
El fuego que siento al sentirme tan viva, alumbra la imagen de tu cuerpo, que está lleno de paz... Siento este calor, desde la distancia, que transforma todo lo que dolió y nos hace libres, amor... El calor que enciende tu alma.
Qué bonito es imaginarte crecer. Te siento, dentro de este cariño inmensurable.
Te abrazo desde tu libertad, y aunque el eco de todo ello pueda no llegar, lo lanzo al aire, dejo que la vida siga su curso con la ilusión de imaginarte siendo tú mismo.
Llevas luchando por tus sueños desde que eras un crío.
Ver que los materializas es un despliegue a la vida; un himno que recorre la garganta, que canta como un jilguero que se ama.
Siempre estaré tremendamente orgullosa de ti.
En mi corazón reside también tu música.
Gracias por regalarme la oportunidad de escucharla latir en el fondo de mi alma; estés donde estés.
Y al fin siento que este amor desde el que me expando no me duele; es a mar abierto, de brazos amplios, acogedor y limpio...
Hace casi un año fuimos a buscar a Neo a la estación. En sus ojos, y en los míos, siempre tendrás ese irremplazable, lugar.
- ABRIENDO CAMINO - Aquí encuentro todos los caminos en los que a veces no hallé salida. Me veo clara, auténtica, transparente y siendo yo. Este es el sitio en el que nunca puedo mentirme a mí misma. Me desnudo ante mí, y las palabras me quitan cada armadura. Aquí está cada flor, nueva y marchita, de lo que fui y de lo que soy.
La insistencia, Vicente Valero.
El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...
Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.
Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.
...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.
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