Si estiras la palma curvada de la mano, puedes llegar a tocar el océano que desprende mi alma.
Vulnerabilidad abierta. Como el olor de las flores; fuerte y delicada.
Hay que acariciar cuidando. Para no arrancarnos los pétalos.
Desaprender el deshojar las margaritas para saber si nos quieren.
Desaprender lo arraigado, lo carcelario.
Expander con amor a una misma el amor, marcar el camino con el filo de las alas, dibujarnos en el aire. Fundirnos como el humo, en la nada, sernos todo. Y dejar nuestro paso como las caricias del viento en la cara.
Que el abrazo de ser se lleven las lágrimas, que la humedad nos de tierra mojada,
donde respirarnos bien. Para crecer.
Tumbarse en el césped, sentirse hierba, cerrar los ojos, respirar el aire, ser de donde te expandes.