- ABRIENDO CAMINO - Aquí encuentro todos los caminos en los que a veces no hallé salida. Me veo clara, auténtica, transparente y siendo yo. Este es el sitio en el que nunca puedo mentirme a mí misma. Me desnudo ante mí, y las palabras me quitan cada armadura. Aquí está cada flor, nueva y marchita, de lo que fui y de lo que soy.
La insistencia, Vicente Valero.
El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...
Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.
Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.
...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Te escandilarás al ver todo lo que eres.
La vida me ha dado, la posibilidad de crecer sin marchitar.
Y ahora, que lo veo todo desde los ojos con los que miro aquello que voy sintiendo en cada momento, ahora que veo oírse mi voz, que encuentro cuerpos, entre ellos el mío, que son su propio hogar, ahora que me he vuelto, desde lo ya vivido, a reinventar, entiendo cada valor de cada paso dado.
Me emociono por cada día en el que levantamos tristezas y miedos, de aquellos en los que no pudimos quitarnos el polvo pero persistimos, aunque fuese quedándonos quietos.
Me emociono porque tenemos en la boca victorias que contar para que otras vidas venzan aquello que les ata.
Yo, no puedo salvar a nadie. A veces incluso me cuesta sostenerme cuando tengo la mirada llena de hielo. A veces se escurren mis manos cuando me sujeto. A veces tengo que concentrarme para no perder el sostén del peso que se clava en el cuerpo, por cada cosa vivida. A veces me suelto. Y caigo. Pero no llego al fondo del suelo. Hay gravedad en la planta de mis pies. Y si caigo, desciendo pero vuelvo a crecer.
Y yo, que no puedo salvarte, sí puedo extender mis brazos, todo lo que el alma nos permita, para sujetarte cuando te sientas caer. Pero ten clara una cosa, y es que, aunque yo te alargue mis manos, serás tú quien, siempre, se salve.
Conecto contigo.
Tus ojitos azules que cuando te ríes se ponen chinos.
Tu sonrisa amplia despertando sensaciones nuevas por mañana.
Tu voz decidida.
El frío en el que a veces sumerges tus pupilas negras.
Déjame ayudarte, aunque seas tú quien tenga que salvarse.
Déjame decirte que no estás solo, y que vamos a conseguir tiempo y espacio para respetar las heridas.
Sólo tienes que dejar que salga tu luz para quitarte aquello que no es tú.
Deja cada cosa que no te deje verte, pasar. Déjalas pasar. Y espera, cuidándote, porque tienes historias que contar.
Porque tienes una voz que puede retumbar en el alma de toda persona que se cruce en tu camino.
Porque todo lo que superes hará que puedas llegar a quienes también tendrán que superarse.
Porque tienes semillas dentro que están esperando la oportunidad de florecer.
Porque te aseguro que cuando te mires por dentro bien, vas a comprender lo mucho, muchísimo, que merece la pena, esperar, a que lo malo pase. Porque lo malo te esconde a veces de ti. Pero nunca es tú. Tú, eres luz.
Y como me dijiste, cada luz tiene sombras porque sino no sería luz. Porque si nos queremos, nos vamos a querer humanos. Porque si tenemos sombras, vamos a tumbarnos encima de ellas y mirar hacia arriba, y mirar la claridad con la que se ven las cosas cuando cambias la perspectiva.
Y cada hueco en el que sientes vacío está hecho para que te dejes crecer, por dentro, entero tú.
Tienes que armarte de valor, porque a veces sentirás que los muros que nos dejan las cosas que vivimos, te limitan, te encierran en un espacio chiquitito. Pero el muro no es lo que existe.
Lo que existe es lo que está detrás de ese hueco donde te sientes tan pequeño.
Y cuando el muro se desquebraje entero, te seguro, que no te vas a arrepentir de haber luchado, por ti.
Déjame contarte que esas paredes pueden empujarse y caerse. Y que estoy contigo. Muy cerca de ti.
Deja a los cristales irse, a su ritmo, mientras amas el valor con el que luchas, porque las batallas, cuando son por uno mismo, siempre, se ganan.
Y yo, quiero estar contigo cuando cantes la victoria;
y se caiga al suelo todo aquello que nos hizo creer que no podríamos vencer.
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