Se me han acumulado las experiencias en el cuerpo, y he andado con ellas en los pies, con el alma densa y cargada.
Y queriendo, sin querer, he buscado liberar el peso de mi espalda, en un cuerpo que tiene el mismo derecho a ser libre que el mío.
He abierto la ventana de mi pecho, y he visto el paisaje oscuro en el que muchas veces te he sumergido, te pido perdón.
Dejo que te vayas, del todo, por el camino que más gustes, con el mismo derecho que tienes a rehacerte sin que yo esté en tu vida y dejo irme, con el derecho que tengo yo a que no estés.
Siempre he querido soltar, y con la boca cerrada y contenida, no podía liberar,
una parte de mí que no quería que yo misma me fuera, pero que siempre quiso verte ir.
Porque fuimos egoístas y hoy veo el pozo negro en el que miré y sentí tantas veces.
Te vas, te vas, te has ido. Y estoy libre, porque eres libre, y yo también.
Acaban de salirle alas a la despedida a la que nunca quise dejar ir.
Amor hacia mí.
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