La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

sábado, 4 de febrero de 2023

vómitos de tigre

Me han salido dos soles en la herida.
Uno arriba y otro abajo. 
Y ahora el dolor que me produces no es masa negra.
Ahora está rodeado de fe y de color. 
Hay una luz que se superpone a tu saliva mordida
Y que separa tu palabra de mi boca. 
Tu lenguaje está despellejado de mi cuerpo. 
Ya no me pertenecen los disfraces con los que quisiste que me mirara.
Quiero expulsarte como un vómito. 
Mirarte desde fuera como un vómito. 
Saber que aunque hayas dejado el sabor a ácido gástrico, mi lengua es capaz de reconstruir realidades más dulces. 
Estoy en este proceso hébrido. 
Siento los jugos estomacales que han quedado de digerir tu pisada a mi autoestima. A lo que soy. 
Noto cómo sube el líquido espeso lleno de limón caducado hacia mi garganta. 
Porque mis órganos quieren vomitarte. 
Vomitarte entero.
Nunca pensé que vomitar sería algo sagrado. 
Un gesto rebelde que se alza a lo vivido y reivindica el trato justo. 
Un signo de libertad desamarrada.
Una revolución de los cuidados. 
Un acto de amor a mí. 

Y observando el vómito me doy cuenta de que todo lo que yace en ti es mentira. 
Tu piel de cordero. Tus pezuñas de ciervo. 
Tú nunca me has visto. Pero yo por fin te veo. 
Y verte me hace libre. 
Porque quisiste que me creyera letra gris y minúscula 
Y soy un cuerpo explosionando colores en mitad del cielo.
Mi tigre ruge.
Tiene la boca seca de tanta rabia. Sed y hambre. 
Sus patas corren pero su alma alcanza las velocidades más altas. 
Mi tigre no es un lobo pero aúlla como uno. 
Hace todos los sonidos de la selva. 
Y con todos ellos grita. 
En mitad de la paz y el ruido. 
Mi tigre hace que mi vida sea un viaje desenfadado, único y salvaje. 
Que nadie intente nunca más domarle.
Porque su naturaleza es sentir el océano. 
A mi tigre quisiste matarlo. 
Gracias por irte. Ahora siente, corre y vive.

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