La insistencia, Vicente Valero.

El color de este cielo a mediodía
no quiere ser pintado, se resiste:
se diría que espera solamente
detrás del muro blanco y ciego
de su más alto resplandor...

Hay que insistir entonces, muchas veces,
Con los ojos cerrados si hace falta,
pintar sin ver lo que sabemos,
dar forma a los colores invisibles,
mirar el cielo así, de otra manera,
el cielo ciego horizontal.

Insistir discutiendo con la luz,
con este resplandor hiriente y bajo,
hasta poder trazar su enigma propio,
su misterio imposible,
Con la fidelidad del paisajista
que sabe oír y ver siempre entre líneas,
y reconoce a solas su destino
en los más lentos blancos cegadores.

...No importa que el color
no colabore. En su fluir está la música
silenciosa del sol, la fiebre nueva
que quema nuestras manos y nos dice
cuánta paz hoy veremos sin descanso,
con los ojos cerrados todavía.

viernes, 20 de enero de 2023

ternuras frágiles

Mi pasión es afrutada.
Y mis decepciones son amargas. 

Mi cuerpo es un tobogán de mil colores que asciende y desciende en una fuente de amor. 
A mi cuerpo le gusta amar. 
Querer y ser querido. 
Acariciar las propias caricias. 
Perfumar sus poros en ellas. 
Creer firmamente en el tacto de una mano que lo toca como en una religión. Mi cuerpo deposita fe en los dedos que se acercan y se enredan en él. 

Pero también mi cuerpo está acongajado. 
La ternura no viste ya la piel del otro
Y mi pulmón respira diferentes ternuras. 
Ternuras olvidadas en el fondo de los ojos que no salen porque están almacenadas en fronteras que las retienen intencionadamente, y que indudablemente son de miedo.
Ternuras que se acercan, y al tocar a otra y sentir las chispas, retroceden, corren rápido y se esconden. 
Ternuras disfrazadas, ternuras maquilladas y adornadas que te llenan la memoria de cariño mientras a ellas las recubre la anestesia de no sentir nada.

Mi cuerpo roza las ternuras que se encuentra. 
Y de repente se da cuenta, 
de que en un mundo donde la gente empieza a tener más miedo a amar que a las guerras, 
se ha vuelto un producto de consumo. 

Mi cuerpo se siente consumido. 
Y se pregunta
una una y otra vez, 
cómo es posible 
que los demás cuerpos que laten a su vez, 
busquen
sentir el placer 
sin rozar la ternura.

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